Aislados en pleno centro

Historias de calle en tiempos de pandemia

Mecanografía por Pascual Gaviria
Fotografías de Juan Fernando Ospina

Los loteros solo ofrecen posibilidades, promesas. Cuando juegue la de Medellín tendrán que estar guardados. Ahora nadie piensa en la fortuna. Un caminante les dice: “No ser la balota elegida es suficiente”. Son los que menos chance tienen.

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Ahora casi todos vamos a tientas. El Centro de Medellín puede verse como un amplio corral de confinados. Muchos duermen en inquilinatos y salen al tedio al aire libre. A la rutina del termo y el tinto. Queda el carriel como gran incógnita.

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Darío con bolso Puma y Adolfo con gorra Adidas. Un dueto de chicles y cigarrillos. Solo tienen dos frases que compartir sobre el Covid19. Un eminente científico inglés dijo hace poco: “Hay que esperar”. Ellos están de acuerdo.

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Ana María se sienta en las afueras del Hotel Nutibara. Le dijeron que un helicóptero iba a pasar fumigando por la noche. No sabe si eso es bueno o malo. “Pero yo ayer no sentí nada”. Según los decretos y los mitos debería estar en su pieza.

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Se quebró la banca. Ni siquiera una pandemia que ha hecho brincar la bolsa, la prensa, la política, las redes, la muerte, parece un tema suficiente para animar esa tertulia. Cinco personas, tiempos de sobra, aburrimiento… Y ni un teléfono.

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Una carreta nueva, unas frondosas Millonarias que se ofrecen a los transeúntes, una buena torta de pescado y un café con leche caliente. Parece que todo va bien. Pero tras van dos extranjeras sospechosas. El virus es invisible.

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Tomates, melones, sandías, gatos. Hombres trabajando. El semáforo para peatones estará en rojo para toda la ciudad. Pero el perifoneo no puede parar. Pronto dirá: “La dama y el caballero, el niño, la hermosa señorita… Todos pa la casa”.

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