Bufé sin tapabocas

Reportería y mecanografía por Alfonso Buitrago y Pascual Gaviria
Fotografías de Juan Fernando Ospina

“Ahhh, sacaron hasta la caballeriza”, grita uno de los habitantes de calle recién servido. Lleva una caja de icopor en una mano y una bolsa de jugo en la otra y señala a cuatro carabineros con tapabocas.

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Los montados deberían estar en el estadio. Ahora custodian la fila del bufé de los habitantes de calle. “El que está haciendo esto tiene un gran corazón, apá”. Por aquí lo nuevo es la comida servida a la hora de almuerzo.

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No cunde el miedo sino el hambre. Pasan con la ración y piden foto, muestran su “plato” como un premio. Policías miran a prudente distancia. Ordenan la fila con la mirada. Respeto y buenas maneras entre unos 400 comensales y 15 policías.

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Ahora los habitantes de calle tienen mucho que ganar frente a la olla y los policías mucho que perder frente a la plaza. No hay gritos sino indicaciones, no hay contacto sino invitaciones a seguir hacia la carpa donde sirven.

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Se hacen más visibles en la ciudad vacía. Persiguen a posibles benefactores. Tienen la misma actitud ávida de las palomas, pero van solos. Las bandadas no son seguras para ellos. Y hablan solos y recuerdan La perorata del apestado.

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El amor en tiempos del tapabocas. Los guantes son un alarde para quienes viven en la calle. Ella no cree que cogerle la mano con material quirúrgico sea una ofensa. Nunca sobra protección. El policía los mira fijo y les entrega su bendición.

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Familias y parejas venezolanas caminan con sus raciones de comida desde los puentes donde estaba el bufé hacia el Parque Bolívar. Parece que vinieran del centro comercial. Se ríen, esculcan sus cajas. Duermen bajo techo, viven de la calle.

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Arroz blanco, pasta, papa guisada y una salchicha. Jugo de bolsa y un banano como postre. “Ayer por la noche también dieron”, grita uno de los comensales. Un reconocimiento a quienes les sirven o una invitación para que caigamos más tarde.

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Una cuadra más arriba del restaurante, en Juan del Corral, un cliente del bufé pelea con un hombre rapado. Defiende su ración como toca. El rapado saca un cuchillo: ¿Quién roba a quién? El “filo” brilla al sol, la caja cae y la comida suerte.

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El habitante de calle no cede, intenta recuperar algo de comida mientras esquiva los enviones… El hambre por delante. Recupera el jugo de mora y el rapado sale manivacío. Llueven maldiciones sobre el ladrón. El jugo que estalla contra la calle.

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