Ciudad Bolívar al filo

Mecanografía y fotografías por Andrea Aldana

Domingo por Barrio Chiquito, El Recuerdo, San Joaquín, Divino Niño, Minuto de María y Los Alpes. Entre santos, lomas, trapos y dilas.

***

Con el virus en la ciudad hay que cuidarse y no dar papaya, pero toca seguir saliendo a ofrecer piña. Aquí no es echando carreta.

***

Aquí se levantan los ranchos a la par. Vecinos y obreros en común. La pared entre hogares es compartida. Con tablas se le huye al frío en Ciudad Bolívar. En dónde la cuarentena si no hay casa.

***

—Aquí somos todos desplazados. La violencia nos sacó del pueblo. La teníamos difícil antes imagínese ahora. Aquí no ha llegado ninguna ayuda. Entre a cualquier casa, entre para que vea: acá hay gente que solo tiene aguapanela para comer.

***

—Yo trabajaba en “la rusa” y vea. ¿Qué me tocó hacer? Colgar las herramientas y ponerme a vender fruta. Es que está duro. Me toca andar con el perro pa cuando los policías se me vengan, decirles que lo estoy paseando. ¿Comer? Nooo… Desayuno pa los niños y fruta, no da pa más.

***

—Unas naranjitas que me conseguí para vender. La propaganda electoral ahora es plástico que cubre el rebusque de la policía y del sol. Y recordatorio de la mendacidad política pagada.

***

Sea camisa, saco o pañoleta, entre más alto sea el barrio, más brilla el color rojo de los trapos.

***

—¿Cuántas veces han comido hoy? —Una. Y si se come una vez no se come dos veces. Lo que estamos haciendo es que nos levantamos tarde. Intentamos levantarnos bien tarde, así engañamos el desayuno.

***

Bajando un poco la loma, al barrio llegó un rumor: “van a entregar unas ayudas”. Las madres cabeza de hogar son las primeras en la fila. La gente se aprieta. Nadie sabe qué van a entregar: —Lo que sea: una kilo de arroz, una libra de panela; lo que sea nos sirve.

***

—¿Qué estás haciendo? —Les estoy poniendo un turno a los que van llegando para que no se colen. Hay que entender que hay gente que llegó hace rato y lleva horas esperando. —¿Y qué les van a entregar? —No sabemos. —¿Quién va a venir? —Tampoco sabemos, pero hay que hacer la fila.

***

Empieza el caos y la confusión. Una señora se acerca y dice: -Hace dos días casi se matan por esas ayudas. No estoy exagerando, casi se matan. La señora cuenta la historia y se va. El filo hace estragos.

***

Un policía interrumpe la reportería: —Disculpe, ¿ustedes van a entregar unas ayudas? —No, estamos haciendo un reportaje. —Entonces mejor que se vayan ya. —¿Por qué? —Esto se va a poner feo. Esta gente está esperando unas ayudas, pero hoy como que no se va a entregar nada.

***

La protesta inició en otra parte del barrio. Las madres cocinan y los hijos esperan la comida. Ya bloquearon una calle y el perro parece listo a dejar su constancia bajo la bandera.

***

El distanciamiento social es imposible cuando hay hambre en colectivo. Se protesta en manada y al mismo tiempo se cocina y se vela la comida. —¿Y qué están cocinando? —Una sopa, no hemos comido. —¿De qué es? —Agua, papa y arroz. No hay pa más…

***

“Distanciamiento de más de un metro”, “extremar los cuidados”… Se repiten las recomendaciones oficiales. Pero entre conocidos del barrio, no se tapan las sonrisas y la distancia se reduce a la mitad.

***

Hay miedo al contagio en Ciudad Bolívar y se intentan los cuidados. Pero el tapabocas limita los afectos, por eso hay arrebatos de rebeldía que insisten en derribar esa barrera.

Suscríbase al boletín
de Universo Centro

© Copyright – Quarentena, todos los derechos reservados
Cohete.net

© Quarentena, todos los derechos reservados
Cohete.net