Domingo en El Pesebre

Medellín a media reja

Reportería y mecanografía por Alfonso Buitrago y Pascual Gaviria
Fotografías de Juan Fernando Ospina

En la Iguaná con La 80 empieza la Comuna 13. A orillas de la quebrada, en el centro de El Pesebre, un camión anuncia sus ofertas. “Ocho verdes por mil, vea llegaron los Urabeños, los plátanos de Urabá”. Los que mandan miran y dejen seguir.

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El ambiente decembrino del El Pesebre se ve apaciguado, apenas unas cuantas tiendas reciben clientes. Nadie en la cancha. El “control” del barrio nos acompaña. Son conscientes del riesgo de contagio y dicen que se dedican a cuidar la gente.

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Al lado de la quebrada, donde se hacen las vueltas, no se ve a nadie. No hay secretos ni señas. También las “plazas” están confinadas: “Qué se van a parar allá, se banderean”. Domicilios solo para los clientes que acumulan millas.

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El sábado la gente estaba en las tiendas, los niños en los callejones, las fichas de dominó sobre las mesas. En la noche seguía mandando la algarabía. Sobre todo en Los Búcaros, un rincón afro de El Pesebre con sus propias lógicas y miedos.

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Una niña corre en los callejones y le alumbran las suelas de los zapatos. La acompañan dos amiguitos, primos tal vez. Llora, para, corre. Nos dicen que le diagnosticaron autismo. Tiene licencia pa callejiar.

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Van a ser la cinco de la tarde. Toca librar el día. El pollo apanado está listo para los antojos de las siete. Vender en un segundo piso donde ofrecen arepas de todas las calañas. Aquí no hay Rappi y solo se consigue cerveza bajo ruego.

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Los callejones de El Pesebre, antes deslizaderos atiborrados de gente y de motos, hoy sirven de parqueaderos y esquinas para el reposo. La vida a media reja, dejando una rendija para respirar, una señal que dice: “Qué hay pa hacer”.

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En la Comuna 13 hay una voz que manda en 36 barrios. Incluso en lugares rebeldes como La Agonía, Nariño y El Salado, hoy el código viene de las cárceles y se respeta. En los callejones se obedece con tapabocas a quienes mandan con tapabocas.

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Ahora está todo quieto. Pero nos señalan un puente peatonal y nos bajan de la cuarentena. “Ese es el sapotieso”, ¿y de dónde salió ese nombre, por qué?, Ahí dejaban tiesos a los sapos.

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