Los invisibles

Mecanografía por Santiago Rodas
Fotografías de Jorge Calle, colectivo Everyday Homeless

Son tiempos difíciles, sobretodo para los habitantes de calle, los sin casa, los invisibles. A falta del flujo natural de las personas en la calle, sin nadie a quién pedirle colaboración, ellos hacen maromas para solventar su economía. Casi siempre son los últimos en la cadena.

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Acompaño al colectivo Everyday Homeless a entregar unas ayudas a 100 habitantes de calle. Ellos llevan haciéndolo durante varios años, pero en medio de la cuarentena todo se ha vuelto más complejo.

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La primera parada es en la autopista, cerca al cerro Nutibara. Jorge Calle silba con ganas y de pronto se asoman varias cabezas de entre un cambuche. Llegan unos tres, pero después de unos minutos hay una fila de 15 personas.

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Reciben su refrigerio: arroz con huevo, salsa roja y chocolate. Luego se despiden: “la buena, Dios me los bendiga”. Es poco, pero es lo que podemos hacer, dice Nataly, integrante del colectivo.

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Uno de gorra, sin camisa y escapulario en el cuello habla con Jorge, le da una noticia terrible: mataron a uno de sus compañeros de la calle. Qué cagada, hermano, responde. Jorge lo conocía y me muestra en su celular una de las fotos que le tomó hace un par de años.

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Cerca al Edificio Inteligente se repite la escena. Esta vez Jaider con su perro Rocky son los primeros en llegar. Jaider cuenta que se ganaba la vida alzando carga en la Minorista, pero desde que empezó la cuarentena no tiene trabajo.

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Aparece Andrés, amigo de Jaider con su novia, conversamos de lo duro de la situación. Luego una mujer, al parecer en embarazo, nos saluda y hace la fila para la comida. Ella tiene que comer por el bebé, explica su compañero con un tapabocas en el cuello.

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Debajo del puente, cerca a La Minorista (cerrada por una alerta de contagio) nos recibe Marcos, quien vive ahí desde hace 8 años y lleva más de 20 en la calle. Vemos dos gatos casi recién nacidos que juegan entre sí en medio de otras 30 personas, los residentes del lugar.

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Marcos coge confianza, y empezamos a hablar del virus. Dice que es un castigo divino a los ricos, porque hasta donde se sabe eso no ha cogido todavía a los pobres. También explica que ellos tienen muy buenas defensas, por lo que, posiblemente, sean más fuertes que la otra gente.

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