La caída de una estatua

Por Santiago Rodas
Fotografías de Liberman Arango

La protesta partió desde el plantón pacífico que se hizo en Parque de las Luces en conmemoración del paro cívico de 1977, llegó al Comando de la policía en la avenida Oriental. Un grupo de ciudadanos con letreros con apoyo a la policía esperaba la protesta. Se identificaban con letreros que decían “Reserva activa Policía Nacional”.

Hubo algunos enfrentamientos verbales entre los grupos. Los manifestantes mostraban sus pancartas y gritaban algunas arengas contra la policía. Unos pocos lograron atravesar las vallas metálicas de seguridad y pintaron grafitis en la fachada del comando hasta que llegó el ESMAD que los dispersó.

Un grupo más pequeño de los marchantes llegó al parque Bicentenario cercano al Museo Casa de la Memoria, rodearon el CAI de la policía y cantaron de nuevo en contra de los asesinatos ocurridos la semana pasada en Bogotá. Luego descubrieron, primero con sospecha, pero luego con determinación, que la escultura de los militares que instalaron el año pasado no tenía protección. Procedieron a tumbarla y lo lograron. La escultura, que representaba a un militar apuntando con su arma de fuego hacia el museo, cayó a pedazos y luego fue incendiada por los manifestantes. El campesino que lo acompañaba quedó en pie y le pusieron una bandera en una de sus manos.

El ESMAD, en conjunto con el Ejército, hizo que la protesta se disolviera. Arriba en el pedestal solo quedaba el campesino con la bandera y un trapo rojo que le cubría la boca. Abajo, los militares y el ejército lo rodeaban en un círculo. El material del que estaba hecho la escultura del militar siguió ardiendo en el suelo por un largo rato.

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