No tenemos palabras

Por Juliana Castro. Ilustraciones de la autora

I like the feeling of words doing as they want to do and as they have to do
Gertrude Stein

Desde hace casi un año mantengo una colección de palabras que no tienen traducción. Las expresiones varían desde la famosa y nostálgica saudade del portugués hasta la palabra alemana schadenfreude, usada para definir el placer derivado de presenciar el infortunio ajeno. Es fácil concluir que son consecuencia de la necesidad cultural de nombrar fenómenos propios. Por ejemplo, no es sorpresa que en Islandia, donde en algunas temporadas del año el país está casi completamente a oscuras, tengan raðljóst para definir la cantidad de luz justa para encontrar tu camino, o gluggaveður para el clima que es lindo ver, pero no experimentar: clima de ventana. No existe, en ningún idioma, una palabra para la frustración de presenciar virtualmente, en cámara lenta, la indigna y solitaria muerte de muchos y la desgracia económica de otros mientras se vive, con miedo e incertidumbre, en condiciones distintas a las que acostumbramos. No tenemos palabras para este momento.

En la carta a sus alumnos a propósito del coronavirus, el escritor George Saunders citó su tiempo de incógnito en un refugio de gente sin techo en California en el que un guatemalteco predicaba “everything is always keep changing”, algo así como “todo es siempre mantener cambiando”. La expresión, que es gramaticalmente incorrecta en inglés, parece ser elegida precisamente por eso: la combinación correcta de palabras no alcanza. Necesitamos la redundancia, la hipérbole, la rareza. Pedimos, a gritos, oír lo que no hemos oído antes. Enmascaramos en humor nuestra frustración. La racionalidad no da abasto. Lloramos en la cocina.

¿Cómo ponerle a esa sensación de recordar todo que está pasando, justo después de minutos u horas de distracción tranquila? En esta situación imposible, dedicarse a encontrar significado parece superfluo, un oficio de calientapuesto. En una entrevista con la Harvard Business Review, David Kessler dice que la incomodidad que sentimos es dolor. La ansiedad, dice, es dolor anticipado, dolor por lo que va a pasar o podría pasar. Y, finaliza añadiendo, como quien manda flores a los muertos, que hay algo poderoso en nombrar el dolor y que encontraremos significado en la pandemia. La sexta etapa del duelo, dice Kessler, es el significado. Pero ¿cómo saber qué debemos aprender de todo esto cuando la energía se nos va en existir? Por ahora, sobrevivir es suficiente.

Supongamos que la palabra y la representación ayudan a amainar el drama. ¿Cómo nombrar lo implacable y lo desconocido? ¿Por qué no hay emoji del dolor? ¿Podremos pronto escoger, no solo aceptar, cómo y qué tanto pensar en todo esto? ¿Hemos perdido nuestra agencia o simplemente está de luto? Joan Didion dijo que el dolor es un lugar que nadie conoce hasta que se llega. Vamos para allá. Estamos separadas, pero vamos juntas. Eso tiene que ayudar. Todo es siempre mantener cambiando.

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