Pandemónium

Por Fernando Mora Meléndez
Fotografía de Juan Fernando Ospina

Hemos pasado del tapabocas clínico, azul pálido, de mal agüero, a la más diversa gama de diseños, festivos, macabros, bufonescos y hasta seguros. Más que cuidar el portillo del microbio coronado, el ciudadano quiere también expresar sus rasgos de origen, disimular su incomodidad con un signo elegante o divertido; mostrar su carácter o los sones que lo inspiran. Nuestro personaje funde en su atuendo el ícono vueltiao del Caribe con la versión tropical del transgresor anónimo de la nube. La facha recuerda que también la peste puede ser carnavalesca o viceversa. Tal vez no se trata solo de protegerse sino de burlar su acecho en el baile del contagio. ¿Cómo? Disfrazado para que ella no te reconozca y siga de largo. En versos de juglar habría que decir: si acaso viene la peste a buscarme, díganle que ya me fui. Que solo vine de paso, a comer arepaehuevo con ají.

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